Conmemoración del 31 de agosto en Donosti

El próximo 31 de agosto tendrá lugar una de las más importantes fiestas de Donosti, que conmemora la reconstrucción de la ciudad después de que ardiera en llamas debido a la invasión de tropas portuguesas y británicas. Todo se perdió excepto la calle 31 de agosto, por lo que cada año se lleva a cabo esta tradición que cuenta con más de dos siglos y atrae visitantes venidos desde todos los puntos del planeta.

¿En qué consiste el 31 de agosto?

El evento empieza por la tarde con una recreación de la batalla del ejército aliado contra las fuerzas de Napoleon, que en ese momento había tomado posesión de la ciudad. Los soldados parten de la Parte Vieja de San Sebastián al son de los tambores, disparando sus fusiles y cañones. Se trata de un espectáculo muy vistoso y excitante, que sirve de pistoletazo de salida para el resto de actividades.

Cuando cae la noche todo el mundo se congrega en la calle 31 de agosto, donde se recrea el incendio de la ciudad. Para ello, todas las luces de los edificios y las calles se apagan, dejando el barrio totalmente a oscuras. A continuación, los vecinos comienzan a colgar velas en sus balcones y ventanas, mientras que algunas personas a pie de calle portan antorchas. Es un momento realmente emotivo y cargado de solemnidad, una de esas cosas que hay que ver al menos una vida en la vida.

Finalmente, comienza un recorrido desde el atrio de San Vicente al atrio de Santa María, mientras se interpretan himnos antiguos de la ciudad y el son de la Marcha en honor a los fallecidos durante la invasión, que cuenta con la participación de algunos de los coros más importantes de la región.

Breve historia del 31 de agosto

Pocos hechos son tan emblemáticos para la sociedad donostiarra como los que se sucedieron en agosto de 1813. En plena Guerra de Independencia contra las tropas napoleónicas, las fuerzas combinadas de Gran Bretaña y Portugal asaltaron la plaza, ocasionando un incendio que duró varios días y que destruyó prácticamente todo.

Donosti e Iruña eran los dos únicos puntos clave que aún estaban en posesión de los franceses, por lo que se convirtieron en los principales objetivos. El ejército de Mendizábal, aunque contaba con 3 batallones guipuzcoanos, no disponía de los recursos necesarios para tomar la ciudad a la fuerza, por lo que tuvo que pedir ayuda a sus aliados anglo-portugueses.

Pese a los intensivos bombardeos, el gobernador se negó rotundamente a parlamentar, lo cual encendió aún más el ánimo de los combatientes. Finalmente, el 22 de julio se consiguió abrir una brecha en las murallas y proceder al asalto, que acabó en una masacre a favor de los defensores.

Esto no acabó con el empeño de los atacantes. Se efectuó un bloqueo total al mismo tiempo que se reforzaban las posiciones en la brecha abierta. El segundo asalto comenzó el 31 de agosto y parecía que iba a acabar de igual forma que el primero, pero la explosión de un almacén de pólvora desorganizó la defensa de los franceses y cambió por completo el desenlace de la batalla.

Aunque los daños y pérdidas humanas fueron cuantiosos, los sobrevivientes mostraron su determinación para reconstruir Donosti y en diciembre de aquel mismo año se creó una Junta de Obras para encargarse de este proyecto.